El 19 de octubre, Marco Rubio se reunió en Samarcanda con los cinco ministros de Asuntos Exteriores de Asia Central, en un encuentro en el que Uzbekistán anunció acuerdos por valor de 12.000 millones de dólares con socios estadounidenses.
En busca de más opciones
El foro C5+1 comenzó en 2015 y Samarcanda acogió su primera reunión ministerial. En la reunión de este año, los seis gobiernos calificaron a Estados Unidos y Asia Central de «socios preferentes» a largo plazo y respaldaron estrechar los lazos económicos, las conexiones de transporte y la cooperación en energía, minerales y tecnología. Se trata de metas generales, no de un plan regional con financiación asegurada.
Los gobiernos de Asia Central quieren más alternativas para acceder a los mercados exteriores. La región carece de salida directa al mar y Rusia ha sido históricamente una ruta comercial crucial. La guerra de Rusia en Ucrania intensificó la preocupación por depender en exceso de una sola vía. El comercio de China con Asia Central superó los 106.000 millones de dólares en 2025, mientras que el intercambio de Uzbekistán con China rozó los 18.000 millones de dólares. El comercio de bienes y servicios entre Estados Unidos y Uzbekistán fue de unos 1.700 millones de dólares. Aunque las cifras no son directamente comparables, reflejan la magnitud de la brecha.
Uzbekistán busca diversificar sus relaciones con varias potencias, en lugar de limitarse a sustituir a un socio por otro. Una ruta transcaspiana más consolidada podría brindar a los exportadores otra vía hacia los mercados globales, mientras que el procesamiento local de recursos naturales ayudaría a los países a obtener mayor valor de ellos. La declaración conjunta puso énfasis en las conexiones de transporte y la producción, no en elegir entre Washington y Pekín.
Qué abarcan los acuerdos
Washington aspira a acceder a minerales críticos, diversificar las cadenas de suministro y abrir oportunidades para las empresas estadounidenses. Rubio describió esta estrategia como la búsqueda de competir con justicia para hacer negocios, no como una exigencia a los gobiernos de Asia Central para que rompan lazos con otros países. Asimismo, señaló a una delegación de cerca de 300 empresas como prueba de que la relación debe traducirse en actividad comercial concreta y no quedarse solo en reuniones formales.
El Ministerio de Inversiones de Uzbekistán informó sobre 54 acuerdos en transporte, energía, minerales críticos, finanzas, tecnología digital, agricultura, salud y educación. No obstante, no precisó qué parte de esos 12.000 millones de dólares cuenta con financiación ni cuántos proyectos permanecen en fase de propuesta o planificación. La cifra representa un paquete anunciado, no una constancia de que los fondos se hayan desembolsado o estén listos para invertirse.
Algunos planes involucran a Wabtec y la producción local de equipos ferroviarios; otros apuntan a la exploración y el suministro de minerales, comunicaciones satelitales, tecnología médica y eficiencia agrícola. Uzbekistán también firmó los Artemis Accords para la exploración pacífica del espacio, impulsados por Estados Unidos, e inició un diálogo estratégico bilateral. La visita fue más allá de un encuentro protocolario, pero el valor de los proyectos dependerá de si logran concretar financiación, construcción y puesta en marcha.
La prueba de fuego: la ejecución
Para Uzbekistán, lo que está en juego abarca el empleo, la infraestructura y su credibilidad como destino de inversión extranjera. El presidente Shavkat Mirziyoyev ha reconocido que los inversores precisan un entorno empresarial más predecible y transparente. Los otros cuatro Estados de Asia Central plantearon prioridades compartidas, pero los anuncios públicos se concentraron en Uzbekistán. Los informes sobre sus reuniones bilaterales dieron cuenta de conversaciones de seguimiento más que de paquetes de acuerdos equivalentes. Los gobiernos de la región han recibido bien la atención de Estados Unidos, aunque advierten que las promesas deben traducirse en inversiones reales.
Representantes uzbekos afirmaron que se elaborará un plan de acción para los acuerdos. Los inversores y las autoridades deberán definir calendarios de proyectos, fuentes de financiación y responsabilidades. La agenda más amplia del C5+1 también requerirá pasos concretos en materia de transporte y comercio intrarregional. Hasta entonces, los 12.000 millones de dólares no son más que una oferta de apertura para profundizar la relación, no la prueba de una influencia ya consolidada.