Las elecciones de Israel han dejado al bloque de Benjamin Netanyahu por delante en el recuento, pero sin una vía clara para alcanzar una mayoría de gobierno.
Por qué el recuento aún no ha concluido
A última hora del miércoles 28 de octubre, los informes sobre el recuento parcial otorgaban 53 escaños al bloque de Netanyahu, 48 a la oposición encabezada por Gadi Eisenkot y 19 a los partidos liderados por árabes, en una Knéset de 120 miembros. Se había contado alrededor del 85 % de las papeletas, pero aún quedaban cientos de miles de votos especiales por contabilizar, incluidos los de soldados y diplomáticos. Las cifras podrían cambiar, pero ninguno de los dos bloques principales tenía los 61 escaños necesarios para gobernar.
Los israelíes votan por listas de partidos, no directamente por el primer ministro. Los escaños se asignan según la proporción del voto nacional que obtiene cada lista que supera el umbral del 3,25 %. El líder del partido más votado no asume el cargo automáticamente: un futuro primer ministro debe conseguir el apoyo suficiente de la Knéset. Los partidos pequeños pueden ganar poder de negociación, mientras que los votos para los partidos que no superan el umbral no se traducen en escaños.
Los bloques afrontan decisiones difíciles
El Likud parece haber resistido mejor que algunos de sus socios, pero la fuerza de un partido no equivale a la de su bloque. El Likud obtuvo 32 escaños en las elecciones de 2022 y la coalición saliente de Netanyahu llegó a tener 68 en su punto máximo; las proyecciones actuales dejan a su bloque muy por debajo de esa cifra. La votación se celebra tras cuatro años turbulentos, que incluyen el ataque del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores. Los votantes también tuvieron que considerar cuestiones como la investigación de los fallos de seguridad, el servicio militar de los hombres ultraortodoxos y el poder de los tribunales. Los cargos de corrupción que Netanyahu enfrenta en el ámbito nacional aumentan lo que está en juego, pero el recuento no permite saber cuánto influyó cada tema en los votantes.
Netanyahu ha pedido un gobierno de derecha fuerte, aludiendo al resultado de su partido y a su alianza en materia de seguridad con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Necesita ocho escaños más de los que tiene su bloque y ha descartado depender de los partidos liderados por árabes. La agrupación de Eisenkot necesita aún más apoyos; sus miembros abarcan un amplio espectro político, y él ha descartado formar parte de un gobierno encabezado por Netanyahu, incluso mediante un acuerdo de rotación. Varios políticos de la oposición también se oponen a cooperar con los partidos árabes, aunque algunos piden ahora reconsiderar esa postura.
Los partidos árabes tienen escaños clave
Los 19 escaños proyectados para los partidos árabes los convierten en actores decisivos, pero no forman una coalición lista para gobernar. La elevada participación de los ciudadanos palestinos de Israel contribuyó a aumentar su representación. Políticos árabes dijeron a Reuters que querían usar esa capacidad de influencia para conseguir igualdad, financiación y medidas contra la delincuencia. El líder de Ra’am ha dicho que se uniría a un gobierno encabezado por Eisenkot, mientras que Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, ha dejado abierta la posibilidad de apoyarlo desde fuera de una coalición, alegando su desacuerdo con el respaldo de la oposición a las campañas militares. Un gabinete con partidos árabes sería polémico, y un gobierno en minoría tendría que negociar apoyos para las votaciones clave.
Qué ocurre después del recuento
Otras opciones incluyen un acuerdo con partidos que ahora se oponen a Netanyahu, una fórmula de unidad más amplia o un gobierno sin un apoyo mayoritario estable. Ninguna está garantizada, ya que todas exigirían que líderes o partidos moderaran posturas que defendieron para obtener apoyo. Si fracasan las negociaciones, es posible que se celebren nuevas elecciones. Las autoridades deben completar el recuento y publicar los resultados oficiales, previsiblemente antes del 4 de noviembre. Después, el presidente Isaac Herzog consultará a los representantes de los partidos y pedirá al candidato que considere más capaz de formar un gobierno que lo intente. Ese candidato dispondrá de 28 días, con posibles prórrogas de hasta 14 días más. Netanyahu seguirá como primer ministro en funciones y el gobierno continuará tomando decisiones, también en materia de seguridad.
El resultado podría definir las normas del servicio militar, la reforma judicial, una investigación sobre el 7 de octubre y la influencia de los ciudadanos árabes en la política nacional. Un prolongado periodo de gobierno en funciones o la convocatoria de nuevas elecciones dejarían esas cuestiones sin resolver, mientras el gobierno sigue teniendo que tomar decisiones de seguridad. El recuento parcial muestra quién va por delante; las negociaciones deberán revelar si alguien puede gobernar.