El 30 de octubre, Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán celebraron en Estambul conversaciones técnicas con el apoyo del Banco Mundial sobre Kambarata-1, una presa propuesta cuyo éxito depende de acuerdos sobre financiación, electricidad y gestión fluvial.
Qué podría cambiar la presa
La central prevista en el río Naryn, en Kirguistán, generaría unos 1.860 megavatios. El Banco Mundial estima una producción anual de aproximadamente 6.000 gigavatios-hora, cerca de la mitad del suministro eléctrico actual de Kirguistán, y afirma que el embalse podría ayudar a trasladar las descargas de agua de una estación a otra. La escasez de electricidad en invierno puede obligar a realizar costosas importaciones, mientras que las explotaciones agrícolas río abajo necesitan agua en verano. El Banco estima que el déficit estacional de electricidad de Kirguistán equivale a aproximadamente una quinta parte de la demanda interna anual. Estos beneficios son proyecciones, no resultados garantizados; dependen de cómo se financie y opere la presa.
Por qué negocian los países
El proyecto aborda un desafío regional de larga data. Según los acuerdos de la época soviética, Kirguistán almacenaba agua de los ríos y liberaba más en verano para el riego río abajo, a cambio de recibir suministros energéticos de países situados aguas abajo y ricos en combustibles fósiles. Tras la disolución de la Unión Soviética, ese intercambio se debilitó. Kirguistán tuvo más incentivos para liberar agua en invierno y generar electricidad, mientras que los agricultores de Uzbekistán y el sur de Kazajistán la necesitaban durante la temporada de cultivo. Kambarata-1 se empezó a impulsar en la década de 1980, pero la caída de la Unión Soviética detuvo el proyecto; un intento posterior respaldado por Rusia tampoco llegó a completarse. Un clima de mayor cooperación y una hoja de ruta de 2023 ayudaron a reactivar el plan y condujeron a un acuerdo de desarrollo conjunto en junio de 2024.
Kirguistán busca un suministro eléctrico más fiable y la posibilidad de vender los excedentes de energía. Kazajistán y Uzbekistán podrían beneficiarse de un suministro eléctrico regional más amplio, pero también dependen del sistema del Syr Darya para el riego. El Banco Mundial describe una empresa conjunta prevista en la que Kirguistán tendría una participación del 34 % y Kazajistán y Uzbekistán, del 33 % cada uno, en términos generales en consonancia con las contribuciones financieras previstas. Ese reparto no resuelve quién controlará las descargas de agua, especialmente en años secos, ni cómo se distribuirán los costos y la escasez si la producción no alcanza lo previsto.
Las conversaciones no han resuelto la financiación
Antes de la reunión de Estambul, los gobiernos celebraron en 2026 tres rondas de conversaciones sobre un borrador de acuerdo intergubernamental, en Bishkek, Tashkent y Almaty. En Almaty, los representantes debatieron la gestión, la financiación y las responsabilidades. Los funcionarios señalaron que se había avanzado en algunas disposiciones, mientras que otras aún requerían trabajo. El informe público de la reunión de octubre describió las conversaciones técnicas y los próximos pasos, pero no anunció ningún nuevo tratado ni acuerdo de financiación.
En 2025, el ministro de Energía de Uzbekistán cifró en 4.200 millones de dólares el costo estimado de la construcción e informó de una cartera de financiación internacional más amplia. También dijo que la documentación del diseño estaba incompleta. Las manifestaciones de interés o una cifra de cartera no constituyen un paquete de financiación definitivo con condiciones acordadas y compromisos vinculantes. El Banco Mundial ha apoyado estudios de viabilidad, evaluaciones ambientales y sociales, y trabajos sobre un marco comercial y de financiación sostenible. Este trabajo puede evaluar si el proyecto es viable y financiable, pero no puede decidir cómo se repartirán los gobiernos el control, la deuda y los beneficios.
Impactos locales y la próxima prueba
Las personas que viven cerca del emplazamiento y las comunidades río abajo también tienen intereses en juego. Un embalse de gran tamaño puede inundar terrenos de forma permanente y modificar el caudal de los ríos, el desplazamiento de sedimentos, la calidad del agua y los ecosistemas. El Banco Mundial ha calificado de alto el riesgo ambiental, y los borradores de los documentos incluyen planes de participación de las partes interesadas y de restablecimiento de los medios de vida o reasentamiento. El alcance de cualquier desplazamiento aún no está definido. Los impactos locales, las compensaciones y el monitoreo deben formar parte del diseño, y las comunidades río abajo necesitarán garantías creíbles sobre el momento y la disponibilidad del agua.
La próxima prueba será determinar si los países pueden convertir el borrador del acuerdo y el trabajo técnico en normas definitivas sobre pagos, decisiones de la empresa conjunta y funcionamiento estacional del embalse. El Banco Mundial señala que, en una fase posterior, se prevé que una empresa conjunta gestione el desarrollo y las operaciones. El informe de octubre no anunció una fecha para otra ronda de negociaciones ni para un acuerdo definitivo. El calendario de construcción sigue siendo incierto hasta que se resuelvan los estudios, las salvaguardias y la financiación. El éxito dependerá de que los tres países y las comunidades afectadas puedan confiar en cómo se comparten la electricidad, el agua y los costos.