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Investigadores vinculan las antiguas migraciones europeas con la difusión de las lenguas celtas y germánicas

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El ADN de más de 4.500 personas de la Antigüedad sugiere que varias oleadas migratorias contribuyeron a difundir las primeras lenguas celtas y germánicas por Europa, pero el ADN no puede revelar directamente qué lengua hablaba cada persona.

En dos estudios publicados en Nature, los investigadores analizaron 712 genomas recién secuenciados junto con ADN publicado anteriormente. Después compararon los movimientos de población con las pruebas arqueológicas y lingüísticas. En el caso de las lenguas germánicas, identificaron una migración hacia Escandinavia desde la región del Báltico hace unos 4.000 años.

Es posible que esa migración llevara una forma temprana del germánico unos 800 años más tarde de lo que sugerían algunas teorías anteriores. Los investigadores también rastrearon un movimiento posterior de personas desde el sur de Escandinavia hacia zonas de los actuales Alemania, Polonia y Países Bajos, hace unos 1.650 años. Asimismo, hallaron una migración de regreso hacia el norte en torno a la época en que surgió el nórdico antiguo.

En cuanto a las lenguas celtas, el equipo encontró que la ascendencia vinculada a la cultura centroeuropea de los Campos de Urnas se extendió hacia el oeste hace entre unos 3.200 y 2.800 años. Esa ascendencia llegó a zonas que incluyen Gran Bretaña e Iberia. Los hallazgos respaldan una ruta centroeuropea para la difusión de las lenguas celtas, en lugar de algunas hipótesis alternativas centradas más al oeste.

Los investigadores advierten que la ascendencia genética no demuestra qué lengua hablaban las personas. Es posible adoptar nuevas lenguas sin que se produzcan migraciones a gran escala. Los migrantes también pueden cambiar de lengua después de llegar a su destino.

Por tanto, los estudios aportan pruebas sobre movimientos de población que pudieron contribuir a configurar el mapa lingüístico de Europa, pero no constituyen un registro directo del habla antigua.