El contenido de Harava News está generado por IA y puede contener errores.

El tsunami de Alaska dejó pistas, no un pronóstico

🇺🇸Desastres

La noticia detrás de este artículo: Investigadores de Alaska identifican señales de advertencia previas a un gigantesco tsunami en 2025

La cota de inundación de 1580 pies registrada en Tracy Arm, Alaska, en agosto de 2025 expuso una peligrosa brecha entre reconocer las señales de advertencia de un deslizamiento a posteriori y pronosticar un tsunami a tiempo para evacuar a la población.

Una ola colosal en un fiordo estrecho

La cota de inundación mide la altura que alcanzó el agua por encima del nivel del mar en la ladera opuesta, no la altura de una ola en mar abierto. Una cuña rocosa colapsó y precipitó más de 64 millones de metros cúbicos de escombros hacia el fiordo. La caída generó una ola inicial de unos 100 metros de altura. La estrechez del fiordo canalizó la masa de agua, lo que produjo la segunda cota de inundación más alta de la que se tenga registro.

Deshielo y precipitaciones

La ladera de la montaña perdió sustentación antes del colapso. El glaciar South Sawyer retrocedió más de medio kilómetro en dos meses, lo que dejó al descubierto la base de la pendiente. Cuando el hielo de un glaciar se retira, la roca que sostenía puede volverse inestable. Un estudio publicado en Science calificó este retroceso como una condición previa para el desprendimiento.

El agua también pudo haber incrementado la presión. Los investigadores Michael West y Ezgi Karasözen señalaron lluvias torrenciales y explicaron que el agua acumulada en las grietas puede empujar una ladera debilitada hacia el fallo estructural. Por su parte, una revisión de la NASA catalogó las lluvias como moderadas. En conjunto, las pruebas indican que diversos factores combinados debilitaron la pendiente.

Señales subterráneas ocultas

Los científicos detectaron miles de pequeños temblores antes del deslizamiento, con una actividad que se intensificó hasta una hora antes del derrumbe. Sin embargo, estas señales no se identificaron sino hasta después de la catástrofe. El deslizamiento en sí generó ondas sísmicas equivalentes a un terremoto de magnitud 5,4, pero no hubo alertas públicas previas.

Las imágenes por satélite no revelaron grietas ni desplazamientos en la ladera antes del colapso. Además, los sismómetros de Alaska registran de manera constante terremotos, desprendimientos de hielo y caídas de rocas. Diferenciar las señales de peligro del ruido cotidiano continúa siendo un desafío técnico muy complejo.

El reto de las alertas futuras

Se evitó una tragedia únicamente gracias al momento en que ocurrió el suceso. El derrumbe tuvo lugar a las 5:26 a. m., antes de que los cruceros y las embarcaciones turísticas ingresaran a la parte alta del fiordo. A raíz de lo sucedido, varias compañías de cruceros modificaron sus itinerarios para 2026. El U.S. Geological Survey advirtió que nuevos desprendimientos rocosos aún podrían desatar grandes olas.

Todavía no existe un sistema confiable de alerta temprana. El Alaska Earthquake Center está poniendo a prueba un algoritmo en 200 estaciones sísmicas, pero la puesta en marcha de un sistema de alerta podría demorar años. Lo remoto de las costas, los recursos financieros limitados y la urgencia de emitir avisos en cuestión de minutos mantienen la detección temprana como un problema no resuelto.