Los brasileños eligen entre el rumbo de centroizquierda de Lula y el proyecto conservador de Flávio Bolsonaro, mientras un Congreso con una orientación más derechista condicionará lo que pueda hacer cualquiera de los dos ganadores.
Una contienda reñida y polarizada
La segunda vuelta se celebró tras el resultado inesperadamente sólido de Flávio Bolsonaro en la primera ronda. El 4 de octubre obtuvo cerca del 47 % de los votos, frente al 45 % del presidente Luiz Inácio Lula da Silva; ninguno alcanzó la mayoría necesaria para ganar directamente. En 2022, Lula derrotó por un estrecho margen al padre de Flávio, Jair Bolsonaro. Después de que los seguidores de Jair intentaran revertir ese resultado, Jair fue condenado por su papel en un plan golpista y encarcelado. Desde entonces, su hijo se ha convertido en el candidato presidencial de la familia.
Los votantes también se han centrado en el costo de vida, las finanzas familiares y la seguridad pública. Flávio ha sostenido que Lula no ha logrado controlar la delincuencia ni hacer que la vida sea más asequible. Lula señala los programas sociales y los avances económicos como motivos para mantenerlo en el cargo. Más de 33 millones de personas no votaron en la primera ronda, y la campaña de tres semanas antes de la segunda vuelta buscó atraer a los votantes cuyos candidatos quedaron eliminados o que se abstuvieron. Una encuesta final situó a los candidatos en empate. Cuando se publicaron los informes analizados aquí, las urnas seguían abiertas y aún no se conocía el resultado.
Dos caminos políticos distintos
El programa de Lula promete dar continuidad a las políticas sociales y centrarse en reducir la desigualdad, desarrollar la industria y promover la sostenibilidad. Flávio ha hecho campaña a favor de recortes del gasto, una postura más dura frente a la delincuencia y un Estado más pequeño. También ha prometido indultar a su padre si resulta elegido.
En el debate final, Lula calificó de imprudentes los recortes del gasto propuestos por Flávio, mientras que Flávio responsabilizó a Lula de los precios elevados y del crimen organizado. Se trataba de afirmaciones de campaña, no de conclusiones definitivas sobre lo que podría cumplir cualquiera de los candidatos.
El Congreso limitará a cualquiera de los ganadores
Los votantes también han elegido un Congreso más conservador. El Partido Liberal, liderado por el sector de Flávio, ganó escaños. En conjunto, los legisladores de derecha y de centro podrían alcanzar la mayoría en la Cámara Baja y quizá reunir los bloques más amplios necesarios para aprobar cambios constitucionales. Algunos legisladores electos quieren limitar las facultades del Tribunal Supremo o promover la destitución del magistrado Alexandre de Moraes, quien encabezó el proceso contra Jair Bolsonaro. El indulto propuesto por Flávio situaría a la presidencia en el centro de esa disputa jurídica e institucional. Estos pasos dependerían de los legisladores y los tribunales, no solo del presidente.
Lula tendría que negociar con un poder legislativo menos afín a su Partido de los Trabajadores para sacar adelante presupuestos y leyes. Flávio podría encontrar más aliados, pero una amplia coalición de derecha y centro tendría que ponerse de acuerdo sobre las prioridades. Los analistas advierten que podría ser más difícil llevar a la práctica su promesa de disciplina fiscal que hacer campaña con ella, dadas las preocupaciones por la deuda pública y la necesidad de contar con apoyo legislativo. Lula afrontaría presiones para financiar sus prioridades sociales e industriales y, al mismo tiempo, tranquilizar a los mercados respecto de las finanzas públicas.
Lo que está en juego más allá de Brasil
Lula ha destacado la soberanía nacional, la diversificación de las relaciones comerciales y un papel más importante para Brasil entre los países en desarrollo. Flávio está alineado con el presidente de EE. UU., Donald Trump, y apunta a una relación más estrecha con Washington. Un cambio de gobierno podría afectar los vínculos de Brasil con Estados Unidos y China, así como sus posturas sobre el clima y la política regional. Las relaciones comerciales, las presiones fiscales y el Congreso condicionarán hasta dónde llegan las promesas de campaña.
El recuento debía comenzar después del cierre de las urnas, y está previsto que quien resulte ganador asuma el cargo en enero. Después, la atención se centrará en la elección del gabinete, las negociaciones con el Congreso y en si las controvertidas promesas de campaña se convierten en propuestas de gobierno. La votación puede marcar el rumbo de Brasil, pero no resolverá las disputas sobre la delincuencia, la economía y las instituciones democráticas que subyacen a la reñida contienda.